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domingo, 18 de octubre de 2015

Rutina.

Suena el despertador a las 7:15 a.m., luego de nuevo diez minutos más tarde. Me levanto a y media. Desayuno, tómate las pastillas, lávate la cara de muerta y disimula esas ojeras con maquillaje. Termina la mochila. Ve a clase, pero antes recoge a una y luego a otra. Pasan rápido las seis horas y media, distraída entre una cosa y otra. Vuelve a casa, haz de comer, lee para no pensar, recoge, ponte presentable rápido porque llegas tarde a algún sitio. Te paseas con amigas, vas al médico, al oculista, vas simplemente a cualquier lugar que hace que la cabeza no pare quieta. Besa a uno, sal con otro, date una vuelta, abraza a un amigo, bebe,intenta mantener una conversación inteligente mientras la cabeza te dice "no pienso más, me voy a la cama" y tú tienes que estar una hora más en la mesa. Vuelve a casa, haz la cena, termina los deberes, los trabajos, de estudiar. Dúchate, cena, habla un rato con tu padre, prepárate para dormir y cae en la cama muerta. Lee un rato para asegurarte una noche del tirón. Y cae en la inconsciencia. Y todo para no pensar en él.

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